martes, 15 de noviembre de 2011

Koh kong

Como si empezáramos el nuevo curso, nos hemos propuesto retomar nuestros viajes para conocer Camboya aprovechando uno de los numerosos puentes que en esta época del año se concentran en el país. La semana pasada se celebraba el Water Festival, que viene a festejar el final de la época de lluvia (a ver si es verdad) y por ello contábamos con fiesta desde el miércoles, tradicionalmente es una fecha en la que la gente se traslada del campo a la ciudad para ver las diferentes celebraciones, entre la que destaca la carrera de barcas en el río, pero este año después de la avalancha en la isla del diamante del año pasado y las inundaciones que tanto daño están causando, se han suspendido, por lo que la capital dónde se concentraban todos los festejos ha estado extrañamente tranquila. Aunque nosotros hemos estado la mayor parte del puente en Koh Kong.

Nos fuimos el miércoles tranquilamente por la mañana, y llegamos después de 4 horas y media de coche y curvas, este fue el día de toma de contacto con el pueblo, la piscina estupenda y los tours de las comunidades para planear el finde: jueves; isla de koh kong y viernes; montes Cardamomo, el sábado volvimos a casita a disfrutar del domingo casero.

El pueblo no tiene nada del otro mundo, pero el mercado estaba bien animado, nos imaginamos que sería como el día antes de navidad o de cualquier fiesta típica, porque andaban todos como locos.






Este es el barquito que en dos horas y medio nos llevó a la isla de Koh Kong al día siguiente.





Ahí pasamos el día estupendamente, un poco de baño, de buceo, de paseo ...vamos, el tiempo suficiente para que me picaran unos 100 mosquitos, en realidad 100 picaduras, los mosquitos imagino que serían menos, alguno repetiría.

Y al día siguiente, zapatillas y al monte.







Unos días estupendos y seguimos descubriendo nuevos paisajes, gentes y bichitos en Camboya, durante la excursión aprendimos lo que son las sanguijuelas y cómo quitártelas de los tobillos.

Próximo mes, otra escapadita.

sábado, 8 de octubre de 2011

Kampong Cham

El fin de semana pasado hice una pequeña escapada a Kampong Cham, es un pueblo a unos 90km de Phnom Penh, que debido a las infraestructuras y a la época de lluvias que estropea más aún las escasas infraestructuras, se convierte en un paseo de más de tres horas. En cuanto te encuentras saliendo de la capital ya ves la diferencia de cómo afectan las lluvias en las zonas bien del centro, dónde horas después de una tormenta encuentras todo como antes de la tormenta y en las barriadas, dónde el agua se estanca, acumula y se puede quedar ahí días o meses ya que se encadenan las tormentas.



El motivo era la fiesta de unos amigos que viven allí y de paso airearnos un poco de la capital que nos atrapa y nos acomoda en una burbuja un poco fuera de la realidad de Camboya. A pocos kilómetros de la ciudad se pueden ver los campos de arroz que en otras épocas quedan a ambos lados de la carretera creando un paisaje verde salpicado de palmeras, ahora convertidos en prácticamente lagos.






Poco tengo que contar de estos dos días fuera, más que Kampong Cham es un pueblo tranquilo, a la orilla del Mekong, que ahora se encuentra a punto de desbordarse y que toda Camboya está sufriendo las peores inundaciones de los últimos diez años, con las repercusiones que eso tiene y tendrá en los próximos meses. 

Paseo de Kampong Cham al lado del Mekong
Escaleras que bajan al río
Típica casa camboyana

De vuelta a Phnom Penh el domingo, nos encontramos que la ciudad también estaba inundada, es lo que tiene esta época, por suerte ya queda poco para que podamos disfrutar de la calle a todas horas, el 7 de noviembre es el Water festival que suele ser el fin de fiesta de la temporada de lluvias, lo único malo es que nos tocará volver a regar las plantas.

lunes, 3 de octubre de 2011

Ben Pchum

Págoda de Toul  Tom Pong

La semana pasada fue el Ben Pchum, tres días de fiesta, que la mayoría aprovechó para hacer puente de una semana, yo en cambio me tuve que quedar en la capital. Mi plan en un principio era irme a una provincia del norte de Camboya, a Ratanakiri, aprovechando que tenía 5 días por lo menos ya que casi se tarda un día en ir, pero entre que tenía trabajo que acabar y que el viernes se desbordaron ríos por el norte debido a las lluvias, me quedé como quién dice, encerrada en Phnom Penh y encima tuve trabajo para los 5 días.

Mi calle desierta

El Ben Chum, es una fiesta budista que puede compararse un poco a nuestro día de todos los santos, pero ellos recuerdan a sus antepasados durante dos semanas en las que acuden al amanecer al templo a ofrecer comida a sus ancestros para que no se enfaden con ellos, tenerlos alimentados, contentos y no les envíen los malos espíritus.El año pasado se celebró el mismo día que llegábamos a este país por primera vez, un 7 de octubre, por cosas del calendario lunar este año ha caído sobre el 26 de septiembre, pero podemos decir que ya hemos cerrado un ciclo de celebraciones camboyanas, es decir un año en Camboya.
La mayor parte de la población de Phnom Penh en estas fechas vuelve a sus casas de las provincias, así que esté era el aspecto que presentaban las calles normalmente abarrotadas de tuc-tucs, motos, coches y gente, a cambio las pagodas eran un trajín de gente llevando comida y haciendo ofrendas.


Compran pájaros que liberan mientras hacen su ofrenda


Ese finde me quedé atrapada en la ciudad fantasma, a cambio éste pude hacer una escapadita a Kampong Cham, pero eso para el próximo post.


El Russian Market incluso cerrado

viernes, 1 de julio de 2011

miércoles, 8 de junio de 2011

HoiAn y ciao Vietnam

Volviendo atrás en el tiempo, me quedaba por contar la última visita que hicimos en Vietnam: HoiAn. Después de regresar de nuestra experiencia en barco por la bahía de Halong, volvimos a nuestro medio de transporte/alojamiento preferido; el tren. Aunque antes, todavía nos dió tiempo a asistir al típico teatro de marionetas sobre el agua, del que no puedo recordar mucho ya tanto a mi madre como a mí nos entró la típica soñarrera de después de comer, y la verdad que la música vietnamita invita bastante a la siesta. Después  nos tocaba otra noche durmiendo con el vaiven, jugando con el ipad y comiendo sandwichitos, pero esta vez cuando nos despertamos pudimos disfrutar de un paisaje diferente, estabamos en la costa y la bordeamos desde las montañas, viendo las playas y los acantilados, todo precioso.


Llegamos con un poco de retraso a Danang y todavía nos quedaba un tramo de taxi a HoiAn, que fue más largo de lo esperado porque nos costó un poquito encontrar el hotel. El camino de la estación a las playas, es como teletransportarte  a cómo debía ser Marbella en los 80, campos de golf de golfistas famosos retirados, hoteles de lujo, resorts a un lado y a otro de la carretera, y paneles con fotos que anuncian los nuevos hoteles que se construirán frente a villas de lujo, todavía está la cosa a medio hacer, pero ya apunta maneras.



Teníamos la intención de ir a visitar la ciudadella de la cercana Hué, antigua capital de vietnam, pero la creíamos más cerca, pero resultó que había que hacer 4 horas de bus para ir y otras 4 de vuelta, así que con el tuté de transporte que llevabamos decidimos relajarnos, y aprovechar nuestro hotel estupendo en la playa y con piscina, y estar dos noches por fin en el mismo sitio, sin movernos más que para ir al pueblo.





HoiAn es patrimonio de la humanidad por la unesco y gracias a eso se conservan todas las casas cuidadas y las calles impecables, todo en armonía, casitas de dos pisos, con colores ocres y madera. Lo que sí que ha cambiado es el interior de estas, aunque no sabemos bien como una ciudad llega a convertirse en esto, pero alguna explicación habrá, suponemos que como ciudad portuaria llegaban allí telas y sedas y con el turismo los sastres empezaron a ofrecer servicios de costura y ahora todas las casas son sastrerías que te ofrecen desde hacerte un abrigo, a un traje de novia....en un día o a veces en un par de horas!increible, eliges tela, modelo, al día siguiente te lo pruebas, te lo retocan y en 15 minutos tienes lo que querías...además muy previsores, también hay tiendas de zapatos a medida y de maletas, nosotros tuvimos que comprar una para los 6 abrigos que acabamos haciendo, jeje.




Después de dos días relajados, con la playa, la piscina, y los paseos por HoiAn, nos disponíamos a volver, esta vez en avión tranquilamente a pasar nuestra última noche en Hanoi antes de volar a Phnom Penh, pero VietnamAirlines, se nos cruzó por medio....nuestros nombres no aparecían en el listado de viajeros. ¿Qué?, después de dar mil vueltas, alguna mala contestación, enseñarles la reserva en su página y otras cosas más, nos resignamos a entendernos con ellos y finalmente en una "medio subasta" de billetes que se formaba una vez se cerraba el boarding con las plazas sobrantes, conseguimos meternos en nuestro vuelo y mucho más barato de lo que nos hubieran costado los nuestros, que luego comprobamos no nos habían cobrado (por eso no figurabamos en la lista, ups).

viernes, 3 de junio de 2011

Viaje a Camboya (autor invitado; mi padre)

A instancias de Isa me entrometo en su página para dejar constancia de las impresiones que Camboya nos ha producido a lo largo de los pocos días en que la hemos visitado.

La visita a Camboya tenía una doble perspectiva:  por una parte, la puramente turística, como era conocer un país desconocido y tan alejado de nosotros, y por otra, conocer de cerca el escenario en que se desenvuelve la vida diaria de Isabel y Alejandro.

El Rey de Camboya


En cuanto a la faceta turística, si no es por la circunstancia de que allí viven Isa y Alejandro, se habría quedado inédita: A Camboya se suele ir, casi siempre, a visitar los templos de Angkor, desde Tailandia o Vietnam, haciendo una escapada en el marco de vacaciones o viajes de novios centrados en las magníficas playas que ambos países disfrutan, y la estancia en Camboya se suele limitar al tiempo que se dedica a la visita a sus impresionantes templos. Ex profeso, un viaje para visitar los templos, creo que no nos lo habríamos planteado, y en cuanto a las playas, a nuestra edad nos quedan más cercanas las del Cantábrico o, venciendo algo la pereza, la de Chiclana. Por tanto, a ellos les debemos agradecer el haber hecho un viaje que, ya lo anticipo, será inolvidable.


Esquina de la calle de Isa y Ales
Monumento de la Indepencia.
Interior del museo nacional.


En cuanto a nuestra curiosidad morbosa de constatar cual era la realidad en la que se desarrolla la vida de Isa, tengo que anticipar cuanto antes (por si alguna/o de sus amigas/os sufre pensando en las penalidades que allí padece)  que no, que no anda descalza por los arrozales, con su pelo recogido en una trenza, ni lleva el típico sombrero cónico, ni sobrevive comiendo solo arroz salpicado con algunos insectos. No. Isa y Alex viven austeramente, en un país lejano que es difícil encontrar en el mapa, con un clima y una atmósfera agobiantes y rodeados de una pobreza generalizada que se hace más patente al lado de la exhibición que hacen de su riqueza unos pocos, pero en Camboya no hemos vistos miseria, en forma de cuerpos mutilados o lacerados, ni mendicantes de comida para subsistir, ni niños desarraigados, deambulantes, buscándose la vida. Viven en un país muy pobre pero muy digno, en el que nos ha sorprendido el grado de escolarización que hemos detectado por los pueblos del interior que atravesamos y, sobre todo, viven en un país de gente amable y sonriente, a pesar de su trágico pasado reciente. 

Disfrutan, además, de la proximidad de una pagoda en la que amablemente los monjes nos amenizaron los amaneceres con salmodias monocordes acompañadas de toque esporádico de campanillas y, durante los días de nuestra estancia, y parece ser que durante unos cuantos días más, han disfrutado de un peculiar funeral, consistente en una especie de campamento de familiares  y amigos que se instaló en una carpa que montaron junto a la puerta de la casa del difunto (enfrente de su casa, al otro lado de la estrecha calle) y amenizado con ruidos varios, que no música,.desde antes del amanecer.



En  cuanto al centro y la zona de la ribera del río, Phnom Pehn nos sorprendió por sus muy amplias avenidas, con zonas residenciales de edificios con pocas alturas, en las que quedan restos de casas coloniales restauradas. Por la zona aledaña al Palacio real que limita con la ribera del enorme río, fue muy agradable pasear porque está muy bien urbanizada.


En el Riverside a orillas delTonle Sap 

El tráfico es un tanto caótico, como corresponde a una ciudad que no tiene transporte público y en la que conviven los tuk tuk  (casi únicos taxis) con una infinidad de motos (no tantas como en Hanoi) y entre éllas, como una más, se desenvuelve con su moto una asilvestrada Isa que se ha olvidado ya de las normas de circulación que rigen en la mayoría de los países del mundo.





No puedo dejar Phnom Pehn sin reconocer la excelente cocina internacional de que disfrutan en su propio barrio, en un no muy amplio local servido por una amable familia nativa. Me refiero a la acreditada Nike’s Pizza House, en la que Isa y Alex figuran en el cuadro de honor (con foto) y con la que han colaborado para poner en marcha un eficaz servicio a domicilio. ¡Si vais a Camboya no os lo perdais!

La vertiente turística quedó mas que satisfecha con el viaje a Siem Reap y los recorridos por la antigua ciudad y los templos de Angkor. Del viaje en coche y, en general, de toda la logística del transporte, se encargó eficacísimamente Alejandro, quien nos lo organizó con gente conocida y de confianza. Moverse por el interior del país, en una travesía de más de 300 kilómetros, con una velocidad media de no más de 60 kms./hora, por carreteras (¿?)  sin apenas señales de tráfico ni más normas de circulación que las que dictan la ley de la gravedad y el buen ojo de saber por donde el coche cabe, aunque parezca mentira, es una aventura interesante, que nos permitió conocer el interior del país e incluso el interior de algún pueblo, pues nuestro chófer aprovechó el viaje para hacer de recadero y, previo anuncio de su llegada a través del móvil, quedaba con gente que salía al camino y cogía y dejaba cosas.





Siem Reap es el centro turístico por excelencia de Camboya y tiene un buen aeropuerto al que llegan turistas de Tailandia y Vietnam. Allí nos sorprendió (menos mal que a cubierto y no en los descampados de los templos) la mayor tormenta que se pueda presenciar; con toda clase de truenos y relámpagos típicos de una tormenta de verano, cayeron todos los litros de agua que uno pueda imaginar y los tejados lanzaban al aire auténticas cascadas de agua.

De los templos solo puedo decir que me impresionaron tanto o más que los de Egipto porque, sin ser tan antiguos, sorprenden por su originalidad y contundencia. Es increíble que en un país tan pobre haya podido existir una civilización tan exquisita y avanzada en un tiempo, y que haya podido desaparecer, olvidada durante siglos, devorada por la exuberante vegetación que producen la humedad y el calor. 









De Siem Reap volamos a Bankok, pues no tuvimos la fortaleza de ánimo ni el espíritu de sacrifico que, en aras de conocer mejor la región, tuvieron nuestra sobrina Bea y su amiga, que lo hicieron en autobús.

En resumen, tengo que decir que hemos hecho un viaje impresionante, en el que hemos disfrutado de la compañía de Alejandro e Isa con los que también hemos conocido bastante a fondo la mitad norte de Vietnam, y que habría sido imposible si ellos no hubieran estado allí ya que, además, nos lo han organizado con una gran eficacia.

De vuelta, ya hemos reanudado las clases de inglés.

Yo he comprobado que gracias a mi consolidada dureza de oído he mantenido bastante bien el tipo, sonriendo y diciendo yes, yes, a todo lo que no entendía.

lunes, 30 de mayo de 2011

Hanoi- Bahía de Halong

Amenecimos en Hanoi, después de otra noche de tren estupenda regadita de cerveza y sandwiches, y nos dirigimos a nuestro hotel-base durante todo el viaje en Hanoi, ya nos recibian como de la casa...y Tu, la de recepción nos dejó hacer un check in tempranito y así pudimos dormir hasta una hora decente para empezar el día.

Así que una vez desayunados y aseados, (aunque dejas de sentirte limpia en cuanto dejas el aire acondicionado en la puerta del hotel) otra vez a la calle a ver Hanoi, primero fuimos al templo de la literatura, donde mi padre se reencontro con Confucio y el resto con un edificio precioso y con mucha historia.


De ahí al Museo de Bellas artes, donde aunque fuera en una sala sí y otra no, había aire acondicionado, así que nos lo tomamos con cierta calma, además de que había cuadros y esculturas interesantes.


Acabamos el día en la ópera, nos disponíamos a presenciar un concierto sinfónico que en realidad era la excusa para ver la ópera por dentro en un día de actividad, pero resultó que era la celebración del día nacional de Polonia, así que en vez de encontrarnos a lo vietnamitas en la ópera nos rodeamos de gente de las embajadas y expatriados en vietnam.


Nuestra paradita en hanoi, era otra vez entre un ir y venir, al día siguiente a las 8 de la mañana emprendiamos camino a la bahía de Halong, después de 4 horas en coche atravesando un paisaje muy diferente al que habíamos visto en Sapa de montaña, nos encontramos un pais plano, con los mismos arrozales que en Camboya y con poblaciones continuamente alineadas al lado de la carretera.


Una vez en el barco, estupendísimo por cierto, despúes de las noches de tren había que darse un homenaje...nos empezamos a adentrar en la bahía, y aquí ya pongo fotos que hablan por sí solas, además de una excursión a una cueva, algunos un masaje y otros un baño en el mar.