El sábado temprano salimos a desayunar a una cafetería cerca del hotel dónde habíamos quedado con nuestro famoso tuc-tuquero, de nombre Lon, para vuestra sorpresa, sí que apareció, se sentó con nosotros mientras desayunábamos y se disculpó otra vez por lo del día anterior...así que nos las prometíamos felices, cuando le comentábamos nuestros planes, "primero hemos pensado en ir al templo Phnom Banan, luego al Sampev y ya por la tarde al Ek Phnom..." cuando de repente, se sonroja, tartamudea y nos cuenta que tiene otro plan para ofrecernos....que es la boda de su hermano, en un pueblo a una horita y media de allí, que ha pensado que alquilamos un coche para los tres, pasamos allí el día, y volvemos a tiempo por la tarde para ver los templos de Banan y Sampev y que al dia siguiente nos lleva al Ek Phnom...y sonrie picarón, nosotros a cuadros, nos reimos sin saber qué decir.
Después de pensarnoslo un ratito, la verdad que ir a una boda local en un pueblecito y con todo camboyanos desconocidos, tenía un punto de aventura curiosa y una anécdota enorme para contar luego por ahí, o aquí mismo en el blog, pero por otro lado, aguantar tres horas de coche para estar con gente con que no conocemos, sin atrevernos a probar la comida (esas cosas de la higiene, el agua y tal que aquí debemos cuidar) y sin poder hablar, ya que el inglés por estos lares brilla por su ausencia, pero vamos, que a ver quién habla inglés por Santa Cruz del monte o Anguciana, es decir, que es normal, no nos vamos a poner exquisitos. En fin, que decidimos seguir con nuestro plan, que para eso habíamos ido hasta allí, le explicamos al bueno/liante de Lon, que se fuerta tranquilamente a disfrutar de la boda de su hermano y que nos buscara un coleguita de tuc para hacernos la ruta.
Camino del primer templo, paramos a ver una casa antigua (como la señora que nos la enseño) típica camboyana, de madera, muy bonita, pero lo mejor sin duda la señora que no paraba de hablarnos contandonos toda la historia de su familia, de la casa, de como se lavaban los dientes,...etc, y todo en francés, como la mayoría de la gente mayor que todavía conserva el idioma de cuando Camboya era colonia francesa. La verdad que fue una visita curiosa, y luego la mujer (intuimos) no paraba de preguntarle al tuc-tuquero, esto ya en camboyano, para que no nos enteráramos si habíamos dejado dinerito o no en la caja de las propinas.
Después de ver la casa de la señora, nos fuimos al preimer templo del día, el Banan, y las cosas que me pasan por no leerme la guía y es que hay que subir 308 escalones, con la temperatura espléndida de los 35 grados. En la subida, unos carteles nos recordaban dónde estábamos, y es que Battambang está muy cerca de la frontera con Tailandia, zona que durante la época de lucha de los jemeres primero y de los vietnamitas luego, se sembró de minas antipersona y todavía quedan entre 5/10 millones sin explotar, lo que causa cientos de heridos, mutilaciones y muertes al año.
Para llegar al segundo templo también había que subir como 800 escalones, pero menos mal que había una posible ruta accesible para motos. Una vez arriba lo que nos encontramos fue un templo bastante nuevo e incluso sin acabar, y es que se construye con donativos de jemeres en el extranjero en recuerdo de las víctimas de la guerra, que creemos despeñaban desde esas alturas.
Por último el Ek Phnom, es el templo que quedaba al sur de ciudad y lo más agradable es casi el paseo hasta allí, porque aunque este templo sea el más antiguo está fatal conservado y viene a ser un montón de piedras despeñadas que sirve a los chicos de la zona a jugar en un fuerte/castillo real, pero como decía por el camino dejamos a los lados; una antigua fabrica de Pepsi, masa/tortitas de arroz secándose al sol y planchas de plátano frito, además de una estampa rural camboyana estupenda.
Esto se está haciendo muy largo, así que creo que voy a acabar el finde con un Battambang III.
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