viernes, 3 de junio de 2011

Viaje a Camboya (autor invitado; mi padre)

A instancias de Isa me entrometo en su página para dejar constancia de las impresiones que Camboya nos ha producido a lo largo de los pocos días en que la hemos visitado.

La visita a Camboya tenía una doble perspectiva:  por una parte, la puramente turística, como era conocer un país desconocido y tan alejado de nosotros, y por otra, conocer de cerca el escenario en que se desenvuelve la vida diaria de Isabel y Alejandro.

El Rey de Camboya


En cuanto a la faceta turística, si no es por la circunstancia de que allí viven Isa y Alejandro, se habría quedado inédita: A Camboya se suele ir, casi siempre, a visitar los templos de Angkor, desde Tailandia o Vietnam, haciendo una escapada en el marco de vacaciones o viajes de novios centrados en las magníficas playas que ambos países disfrutan, y la estancia en Camboya se suele limitar al tiempo que se dedica a la visita a sus impresionantes templos. Ex profeso, un viaje para visitar los templos, creo que no nos lo habríamos planteado, y en cuanto a las playas, a nuestra edad nos quedan más cercanas las del Cantábrico o, venciendo algo la pereza, la de Chiclana. Por tanto, a ellos les debemos agradecer el haber hecho un viaje que, ya lo anticipo, será inolvidable.


Esquina de la calle de Isa y Ales
Monumento de la Indepencia.
Interior del museo nacional.


En cuanto a nuestra curiosidad morbosa de constatar cual era la realidad en la que se desarrolla la vida de Isa, tengo que anticipar cuanto antes (por si alguna/o de sus amigas/os sufre pensando en las penalidades que allí padece)  que no, que no anda descalza por los arrozales, con su pelo recogido en una trenza, ni lleva el típico sombrero cónico, ni sobrevive comiendo solo arroz salpicado con algunos insectos. No. Isa y Alex viven austeramente, en un país lejano que es difícil encontrar en el mapa, con un clima y una atmósfera agobiantes y rodeados de una pobreza generalizada que se hace más patente al lado de la exhibición que hacen de su riqueza unos pocos, pero en Camboya no hemos vistos miseria, en forma de cuerpos mutilados o lacerados, ni mendicantes de comida para subsistir, ni niños desarraigados, deambulantes, buscándose la vida. Viven en un país muy pobre pero muy digno, en el que nos ha sorprendido el grado de escolarización que hemos detectado por los pueblos del interior que atravesamos y, sobre todo, viven en un país de gente amable y sonriente, a pesar de su trágico pasado reciente. 

Disfrutan, además, de la proximidad de una pagoda en la que amablemente los monjes nos amenizaron los amaneceres con salmodias monocordes acompañadas de toque esporádico de campanillas y, durante los días de nuestra estancia, y parece ser que durante unos cuantos días más, han disfrutado de un peculiar funeral, consistente en una especie de campamento de familiares  y amigos que se instaló en una carpa que montaron junto a la puerta de la casa del difunto (enfrente de su casa, al otro lado de la estrecha calle) y amenizado con ruidos varios, que no música,.desde antes del amanecer.



En  cuanto al centro y la zona de la ribera del río, Phnom Pehn nos sorprendió por sus muy amplias avenidas, con zonas residenciales de edificios con pocas alturas, en las que quedan restos de casas coloniales restauradas. Por la zona aledaña al Palacio real que limita con la ribera del enorme río, fue muy agradable pasear porque está muy bien urbanizada.


En el Riverside a orillas delTonle Sap 

El tráfico es un tanto caótico, como corresponde a una ciudad que no tiene transporte público y en la que conviven los tuk tuk  (casi únicos taxis) con una infinidad de motos (no tantas como en Hanoi) y entre éllas, como una más, se desenvuelve con su moto una asilvestrada Isa que se ha olvidado ya de las normas de circulación que rigen en la mayoría de los países del mundo.





No puedo dejar Phnom Pehn sin reconocer la excelente cocina internacional de que disfrutan en su propio barrio, en un no muy amplio local servido por una amable familia nativa. Me refiero a la acreditada Nike’s Pizza House, en la que Isa y Alex figuran en el cuadro de honor (con foto) y con la que han colaborado para poner en marcha un eficaz servicio a domicilio. ¡Si vais a Camboya no os lo perdais!

La vertiente turística quedó mas que satisfecha con el viaje a Siem Reap y los recorridos por la antigua ciudad y los templos de Angkor. Del viaje en coche y, en general, de toda la logística del transporte, se encargó eficacísimamente Alejandro, quien nos lo organizó con gente conocida y de confianza. Moverse por el interior del país, en una travesía de más de 300 kilómetros, con una velocidad media de no más de 60 kms./hora, por carreteras (¿?)  sin apenas señales de tráfico ni más normas de circulación que las que dictan la ley de la gravedad y el buen ojo de saber por donde el coche cabe, aunque parezca mentira, es una aventura interesante, que nos permitió conocer el interior del país e incluso el interior de algún pueblo, pues nuestro chófer aprovechó el viaje para hacer de recadero y, previo anuncio de su llegada a través del móvil, quedaba con gente que salía al camino y cogía y dejaba cosas.





Siem Reap es el centro turístico por excelencia de Camboya y tiene un buen aeropuerto al que llegan turistas de Tailandia y Vietnam. Allí nos sorprendió (menos mal que a cubierto y no en los descampados de los templos) la mayor tormenta que se pueda presenciar; con toda clase de truenos y relámpagos típicos de una tormenta de verano, cayeron todos los litros de agua que uno pueda imaginar y los tejados lanzaban al aire auténticas cascadas de agua.

De los templos solo puedo decir que me impresionaron tanto o más que los de Egipto porque, sin ser tan antiguos, sorprenden por su originalidad y contundencia. Es increíble que en un país tan pobre haya podido existir una civilización tan exquisita y avanzada en un tiempo, y que haya podido desaparecer, olvidada durante siglos, devorada por la exuberante vegetación que producen la humedad y el calor. 









De Siem Reap volamos a Bankok, pues no tuvimos la fortaleza de ánimo ni el espíritu de sacrifico que, en aras de conocer mejor la región, tuvieron nuestra sobrina Bea y su amiga, que lo hicieron en autobús.

En resumen, tengo que decir que hemos hecho un viaje impresionante, en el que hemos disfrutado de la compañía de Alejandro e Isa con los que también hemos conocido bastante a fondo la mitad norte de Vietnam, y que habría sido imposible si ellos no hubieran estado allí ya que, además, nos lo han organizado con una gran eficacia.

De vuelta, ya hemos reanudado las clases de inglés.

Yo he comprobado que gracias a mi consolidada dureza de oído he mantenido bastante bien el tipo, sonriendo y diciendo yes, yes, a todo lo que no entendía.

4 comentarios:

  1. QUE BONITO RELATO QUIZAS ALGUN DIA PODAMOS SER NOSOTROS LOS INVITADOS.BESOS.LAURA

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  2. que ganas tengo de visitar esos templos, felicidades amigo tu lo conseguiste!

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  3. magnifico!!!

    oye, no te quedes con las ganas.... HAZLO!!!

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  4. ayyyy que ganitas!!! tengo que ir como sea!

    Muchas gracias y felicidades por tu viaje, es impresionante.

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